¿Y SI...?
Despues de varios años de participación en foros donde he dejado innumerables opiniones en torno a lo que ocurre en el Pais Vasco desde hace algunos años, he conseguido reunir un monton de materiales, respuestas, topics, posts... con múltiples argumentos en contra del nacionalismo que poco a poco voy a ir reconstruyendo.
Comenzaré diciendo que, para todos los nacionalismos de base cultural pero con responsabilidades de gobierno, como es el caso del vasco, llega un momento en el que los senderos de su jardín tienden a bifurcarse: O bien emprenden un proceso de enfrentamiento con el Estado y la nación política en la que se encuentran enmarcados, donde el recurso último es la amenaza de secesión como es el caso que estamos viviendo en estos momentos.o Bien se centran en consolidar lo que se ha dado en llamar el 'nacionalismo del bienesta'r fundando un nuevo espacio de entendimiento con el Estado, en base a la aceptación de un marco de lealtades compartidas. Dicho esto, sólo cabe calificar de una manera el texto presentado por el lehendakari Ibarretxe: no es que sea ambiguo, sino que aspira a quedarse con las mejores bazas de las dos barajas en base a tres principios: a saber
Uno, afirmando que su plan es una reforma del Estatuto de Guernic, cuando en realidad apunta a su liquidación.
Dos, declarando que todo el proceso se plantea desde la legalidd constitucional, cuando el contenido es claramente rupturista.
Y tres, ocultando que la única finalidad de su «libre asociación» con España no es otra que la de evitar que un hipotético País Vasco independiente se convierta en la Albania del Cantábrico.
Pues, de ser así, todo el andamiaje del Nacionalismo del Bienestar comenzaría a desmoronarse como un castillo de naipes, arrastrando consigo a la extensísima red de beneficiarios generados durante estos veinte largos años de gobierno nacionalista. Sin insultos, sin descalificaciones, sin levantar la palabra, es hora de recorarle a la comunidad que enarbola el pendón de la independencia, como si fueran rehenes de España, lo que comportaría su alegre Good bye Spain. Veamoslo:
De entrada, la salida de España se traduciría en la expulsión de la UE, pues ésta no avalaría incorporación del territorio escindido, para lo que se requeriría la unanimidad de todos los países miembros (incluidas las afrentadas Es-paña y Francia). A partir de ahí: la debacle.
ECONOMIA:
hoy por hoy, la economía vasca depende absolutamente de la española, hasta el extremo de que más de la mitad de las exportaciones y dos tercios de las importaciones proceden del otro lado del Ebro. Pongámonos en el supuesto de que fuRAN independientes y extracomunitarios: ¿qué futuro tendrían sus exportaciones, gravadas con los mismos aranceles que pagan las naranjas marroquíes? La desconexión con España, que es su puerta en Europa, equivaldría igualmente a perder todas las ventajas asociadas al euro, que favorece significativamente a economías tan abiertas como la vasca, cuyo comercio exterior, en el 2000, ya suponía nada menos que el 78% de nuestro PIB. De la noche a la mañana no sólo tendríanque competir con las economías emergentes, sino que perderian toda la cobertura de la UE para los sectores en declive, y todos los fondos estructurales con los que nos venimos lavando la cara y vistiendo de luces, desde Bilbao a San Sebastián, para parecer más europeos. Dada la rotunda desvinculación de Álava con el Plan Ibarretxe, esa hipotética frontera, establecida antes en Miranda y ahora ya en Llodio, sería especialmente dramática a efectos poblacionales. El saldo migratorio, que ya es negativo, se agravaría de una manera espectacular tan sólo para dar salida, no ya a los españoles en fuga, sino a los vascos que quisieran seguir siendo europeos de pleno derecho. A continuación, acuñarian como es logico todos los problemas derivados de instituise en un país de acogida masiva de inmigrantes tercermundistas...
FINANCIACIÓN:
mirando desde la lejanía a la denostada España, tal vez comenzasen a añorar las ventajas que tenía susistema de financiación en el marco del Estado autonómico, esa «explotación española» gracias a la cual sus recursos públicos per cápita superan en un 65% a la media del resto de las comunidades. Asimismo, con una población donde los mayores de 65 años triplican a los menores de 24, alguien preguntaría al Consejero de servicio por el futuro de sus pensiones, una vez desconectados del sistema de caja única vigente en el 'opresor país vecino'. La respuesta comenzaría a ser divertida cuando el titular de Economía echara cuentas con los propios de Interior y Exteriores, pues nuestra única caja vasca tendría que financiar, además de las pensiones, su propia Defensa, y su propio Servicio Exterior, competencias, hasta hoy, exclusivas del Estado. Toda esta prospectiva debiera dar mucho que pensar a los nacionalistas sensatos acerca de lo que supone extremar los límites de un régimen de privilegio que se quiere presentar con un sistema de opresión. Bien sabe el lehendakari quiénes son hoy en Euskadi los verdaderos oprimidos. Precisamente, aquéllos a quienes no se les ha dado cabida en este nuevo proyecto de Estatuto. Presentarlo, por añadidura, como un «pacto para la convivencia», casi parece un sarcasmo. En realidad esto no pasa de ser una propuesta de pacto interno dentro de la comunidad nacionalista, que conduce a la exclusión de la mitad no nacionalista del censo.
POLÍTICA:
Llegados a este extremo, la cuestión no es ponerse calderoniano y hablar de estados de excepción, sino convencer a los que lo sufren realmente por causa del terror. Y debiera ser dramático para un presidente, que se presume de todos los vascos, no convencer más que a la mitad. Ahora bien, que el Estatuto de Ibarretxe sea poco realista, no significa que sea inocuo. Desde su enunciación, ya ha comenzado a desestabilizar gravemente el Estado autonómico y a la sociedad vasca, al hacer imposible el consenso sobre el marco político. En la misma medida, lejos de afianzar su solvencia, ha dinamitado la presunción de que, a mayor nacionalismo, el País Vasco conocería mayores cotas de bienestar. A fuerza de acumular órdagos se ha instalado el vértigo en el jardín de los senderos que se bifurcan. Y hoy por hoy, en Euskadi, también las palabras nacionalismo y bienestar comienzan a bifurcarse. Lejos de sucumbir a la tentación secesionista que equipara nuevas conquistas al aumento de beneficios, la comunidad nacionalista debe asumir su madurez democrática, aceptar que necesita la colaboración del resto de España, y tomar conciencia de las ventajas inherentes al actual modelo autonómico como único marco político propiciador, no ya de lo conseguido, sino hasta de una hipotética vía federal, no sólo «a la vasca» sino, sobre todo, «a la española». Pero para llegar a eso la paradoja final nos dice que sólo hay un camino, y que éste no admite bifurcaciones. En lugar de acentuar la secesión, fomentar la integración entre los vascos. En lugar de dejarse llevar por una visión agónica, imaginar una España fraterna. Y en fin, recordar que las mesas de Ajuria-Enea no se armaron para acumular el vértigo de los órdagos sucesivos, sino de otra manera habría que tomar otras determinaciones que a nadie le gustarían...
Esto lo entiende cualquiera con dos dedos de frente, aún así en los próximos días voy a exponer en este blog una posible solución al problema en vascongadas que por cierto incluye efectivamente la famosa consulta popular...
Comenzaré diciendo que, para todos los nacionalismos de base cultural pero con responsabilidades de gobierno, como es el caso del vasco, llega un momento en el que los senderos de su jardín tienden a bifurcarse: O bien emprenden un proceso de enfrentamiento con el Estado y la nación política en la que se encuentran enmarcados, donde el recurso último es la amenaza de secesión como es el caso que estamos viviendo en estos momentos.o Bien se centran en consolidar lo que se ha dado en llamar el 'nacionalismo del bienesta'r fundando un nuevo espacio de entendimiento con el Estado, en base a la aceptación de un marco de lealtades compartidas. Dicho esto, sólo cabe calificar de una manera el texto presentado por el lehendakari Ibarretxe: no es que sea ambiguo, sino que aspira a quedarse con las mejores bazas de las dos barajas en base a tres principios: a saber
Uno, afirmando que su plan es una reforma del Estatuto de Guernic, cuando en realidad apunta a su liquidación.
Dos, declarando que todo el proceso se plantea desde la legalidd constitucional, cuando el contenido es claramente rupturista.
Y tres, ocultando que la única finalidad de su «libre asociación» con España no es otra que la de evitar que un hipotético País Vasco independiente se convierta en la Albania del Cantábrico.
Pues, de ser así, todo el andamiaje del Nacionalismo del Bienestar comenzaría a desmoronarse como un castillo de naipes, arrastrando consigo a la extensísima red de beneficiarios generados durante estos veinte largos años de gobierno nacionalista. Sin insultos, sin descalificaciones, sin levantar la palabra, es hora de recorarle a la comunidad que enarbola el pendón de la independencia, como si fueran rehenes de España, lo que comportaría su alegre Good bye Spain. Veamoslo:
De entrada, la salida de España se traduciría en la expulsión de la UE, pues ésta no avalaría incorporación del territorio escindido, para lo que se requeriría la unanimidad de todos los países miembros (incluidas las afrentadas Es-paña y Francia). A partir de ahí: la debacle.
ECONOMIA:
hoy por hoy, la economía vasca depende absolutamente de la española, hasta el extremo de que más de la mitad de las exportaciones y dos tercios de las importaciones proceden del otro lado del Ebro. Pongámonos en el supuesto de que fuRAN independientes y extracomunitarios: ¿qué futuro tendrían sus exportaciones, gravadas con los mismos aranceles que pagan las naranjas marroquíes? La desconexión con España, que es su puerta en Europa, equivaldría igualmente a perder todas las ventajas asociadas al euro, que favorece significativamente a economías tan abiertas como la vasca, cuyo comercio exterior, en el 2000, ya suponía nada menos que el 78% de nuestro PIB. De la noche a la mañana no sólo tendríanque competir con las economías emergentes, sino que perderian toda la cobertura de la UE para los sectores en declive, y todos los fondos estructurales con los que nos venimos lavando la cara y vistiendo de luces, desde Bilbao a San Sebastián, para parecer más europeos. Dada la rotunda desvinculación de Álava con el Plan Ibarretxe, esa hipotética frontera, establecida antes en Miranda y ahora ya en Llodio, sería especialmente dramática a efectos poblacionales. El saldo migratorio, que ya es negativo, se agravaría de una manera espectacular tan sólo para dar salida, no ya a los españoles en fuga, sino a los vascos que quisieran seguir siendo europeos de pleno derecho. A continuación, acuñarian como es logico todos los problemas derivados de instituise en un país de acogida masiva de inmigrantes tercermundistas...
FINANCIACIÓN:
mirando desde la lejanía a la denostada España, tal vez comenzasen a añorar las ventajas que tenía susistema de financiación en el marco del Estado autonómico, esa «explotación española» gracias a la cual sus recursos públicos per cápita superan en un 65% a la media del resto de las comunidades. Asimismo, con una población donde los mayores de 65 años triplican a los menores de 24, alguien preguntaría al Consejero de servicio por el futuro de sus pensiones, una vez desconectados del sistema de caja única vigente en el 'opresor país vecino'. La respuesta comenzaría a ser divertida cuando el titular de Economía echara cuentas con los propios de Interior y Exteriores, pues nuestra única caja vasca tendría que financiar, además de las pensiones, su propia Defensa, y su propio Servicio Exterior, competencias, hasta hoy, exclusivas del Estado. Toda esta prospectiva debiera dar mucho que pensar a los nacionalistas sensatos acerca de lo que supone extremar los límites de un régimen de privilegio que se quiere presentar con un sistema de opresión. Bien sabe el lehendakari quiénes son hoy en Euskadi los verdaderos oprimidos. Precisamente, aquéllos a quienes no se les ha dado cabida en este nuevo proyecto de Estatuto. Presentarlo, por añadidura, como un «pacto para la convivencia», casi parece un sarcasmo. En realidad esto no pasa de ser una propuesta de pacto interno dentro de la comunidad nacionalista, que conduce a la exclusión de la mitad no nacionalista del censo.
POLÍTICA:
Llegados a este extremo, la cuestión no es ponerse calderoniano y hablar de estados de excepción, sino convencer a los que lo sufren realmente por causa del terror. Y debiera ser dramático para un presidente, que se presume de todos los vascos, no convencer más que a la mitad. Ahora bien, que el Estatuto de Ibarretxe sea poco realista, no significa que sea inocuo. Desde su enunciación, ya ha comenzado a desestabilizar gravemente el Estado autonómico y a la sociedad vasca, al hacer imposible el consenso sobre el marco político. En la misma medida, lejos de afianzar su solvencia, ha dinamitado la presunción de que, a mayor nacionalismo, el País Vasco conocería mayores cotas de bienestar. A fuerza de acumular órdagos se ha instalado el vértigo en el jardín de los senderos que se bifurcan. Y hoy por hoy, en Euskadi, también las palabras nacionalismo y bienestar comienzan a bifurcarse. Lejos de sucumbir a la tentación secesionista que equipara nuevas conquistas al aumento de beneficios, la comunidad nacionalista debe asumir su madurez democrática, aceptar que necesita la colaboración del resto de España, y tomar conciencia de las ventajas inherentes al actual modelo autonómico como único marco político propiciador, no ya de lo conseguido, sino hasta de una hipotética vía federal, no sólo «a la vasca» sino, sobre todo, «a la española». Pero para llegar a eso la paradoja final nos dice que sólo hay un camino, y que éste no admite bifurcaciones. En lugar de acentuar la secesión, fomentar la integración entre los vascos. En lugar de dejarse llevar por una visión agónica, imaginar una España fraterna. Y en fin, recordar que las mesas de Ajuria-Enea no se armaron para acumular el vértigo de los órdagos sucesivos, sino de otra manera habría que tomar otras determinaciones que a nadie le gustarían...
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10 Comments:
Opinión
Euskadi ¿fuera de Europa?
Por Josep M. Colomer
El País
15/01/05, 10.07 horas
Por tamaño, un Euskadi independiente podría ser viable. De hecho, un tercio de los Estados independientes del mundo tienen menos población que Euskadi. Entre ellos se incluyen cinco de los diez países con mayor renta per cápita, así como cinco Estados miembros de la Unión Europea. El mayor problema de Euskadi no es, pues, su pequeño tamaño o su viabilidad económica, sino su división política interna.
Parece conveniente analizar este caso en el marco de los beneficios y los costes de la independencia de naciones pequeñas en el mundo actual, que, a diferencia de otras épocas, es mucho más integrado y democrático. Por un lado, las naciones pequeñas pueden acceder hoy a mercados grandes y a bienes públicos de amplia escala sin necesidad de formar parte de un Estado grande, gracias a la liberalización del comercio internacional y a la consistencia de organizaciones supranacionales.
Así, por ejemplo, a diferencia de lo que ocurrió durante muchos decenios, el Estado español ya no protege un mercado para sus productores ante la competencia exterior (ya que existe un mercado común europeo), ni provee una moneda española (que fue sustituida por el euro), ni una vigilancia efectiva de fronteras con los demás países europeos (dada la libre circulación de bienes, capitales y personas), ni una defensa eficaz (la cual está sobre todo en manos de la OTAN). Actualmente, una nación pequeña como Euskadi podría acceder a todos estos bienes sin formar parte del Estado español.
Por otro lado, una nación pequeña tiende a ser relativamente homogénea en sus estructuras económicas, étnicas y culturales, lo cual facilita la agregación de las preferencias de los ciudadanos y la toma de decisiones colectivas por métodos democráticos. Por tanto, la oportunidad de las naciones pequeñas se basa en su nueva viabilidad económica en un mundo globalizado y en sus mayores potencialidades de desarrollo democrático.
De hecho, la difusión tanto del comercio internacional como de la democracia ha ido acompañada por un gran aumento del número de Estados, lo cual ha conllevado una notable reducción de sus tamaños. En 1900, cuando el mundo estaba dominado por los grandes imperios y apenas un 10% de la población mundial vivía en regímenes democráticos, había sólo 55 Estados independientes, mientras que en 2005, cuando la mayor parte de los humanos tiene acceso a amplios intercambios internacionales y vive en democracia, hay 192 Estados independientes (sin contar los microterritorios).
En contra de esta perspectiva, se han citado estos días algunos estudios que pronostican una pérdida del 10% al 20% del producto interior bruto en un Euskadi independiente. Pero esta estimación sólo se sostiene con el supuesto de que Euskadi fuese expulsado de la Unión Europea y del euro, lo cual es bastante inverosímil, y de que el nuevo Estado vasco debiese crear un ejército y otros bienes públicos de los que, como hemos dicho, en realidad podría prescindir.
Ciertamente, no hay precedentes ni procedimientos para dejar a una parte de un Estado miembro fuera de la Unión Europea (con la sola excepción del trato concedido a las colonias francesas, holandesas y danesas, muy distantes del continente). También cuesta imaginar que, en tal eventualidad, el Estado español pudiera crear una nueva frontera vigilada por las fuerzas armadas y de seguridad, imponer nuevos aranceles a los productos vascos o prohibir allí el uso del euro (que nadie ha podido impedir que se convirtiera en moneda nacional, por ejemplo, en Andorra, Kosovo y otros territorios fuera de la Unión). Además, el mayor desafío del llamado plan Ibarretxe consiste precisamente en que no llega a la independencia -sino a la "asociación", al estilo de Puerto Rico-, con lo que hace prácticamente imposible su exclusión de Europa.
El problema de Euskadi no es, pues, de viabilidad económica, sino más bien de viabilidad política. Es muy poco común que una nación pequeña como Euskadi sea étnica y lingüísticamente más heterogénea que el conglomerado mayor en el que se encuentra. Dicho muy rudimentariamente, mientras que en el conjunto de España hay una amplia mayoría llamémosle castellanista de más del 75% de la población (según se manifiesta en los usos lingüísticos y en el apoyo a partidos políticos de ámbito español), en Euskadi la mayoría política nacionalista apenas ronda el 55%.
Nótese que, por ejemplo, en Cataluña la situación es diferente. Es ésta una comunidad menos heterogénea, en la que las dos lenguas son variantes próximas del latín y donde la mayor parte de la población es bilingüe y el resultado de mezclas familiares acumuladas durante muchas generaciones, por todo lo cual es relativamente más fácil formar una amplia mayoría democrática. Asimismo, por su mayor tamaño, Cataluña puede mantener la aspiración a participar decisivamente en la gobernación del Estado español, perspectiva harto improbable para los vascos que representan sólo un 5% de la población total.
La cuestión vasca es, pues, de solución relativamente difícil si se la compara con las oportunidades de otras muchas naciones pequeñas en el mundo actual. Si en el Estado se forma una mayoría absoluta de Gobierno españolista (como ocurrió, por ejemplo, en los recientes periodos 1982-1993 y 2000-2004), los vascos étnicos de Euskadi quedan reducidos a una posición de minoría marginal en el conjunto de la política española. Ésta ha sido, dicho aquí muy simplificadamente, la base estructural e histórica del llamado "conflicto político" vasco, que no suele ser muy bien comprendida fuera de aquel país.
Si, por el contrario, una mayoría nacionalista vasca pudiera gobernar absolutamente en Euskadi, sería la minoría de vascos españoles la que quedaría reducida a una posición marginal. En esta segunda situación la salida más probable para los marginados sería la secesión de Euskadi y a favor de España, como parece apuntarse en Álava. Algo semejante a lo que ocurrió en el Ulster cuando Irlanda se independizó.
Dada la dificultad del problema, parece especialmente desafortunado para la búsqueda de soluciones que, en el actual marco europeo, los nacionalistas españoles y los nacionalistas vascos hagan tanto uso beligerante del concepto de "soberanía". Como se ha sugerido antes, ninguno de los Estados europeos es ya soberano en las capacidades (legislativas, mercantiles, financieras, militares o policiales) que en su día constituyeron el fundamento del monopolio estatal de la violencia. Pero ninguna nueva nación pequeña puede aspirar tampoco a una soberanía comparable a la que los Estados grandes poseyeron y ejercieron en sus mejores momentos.
Por eso, la diferencia entre la llamada "independencia" de las naciones pequeñas y la descentralización puede ser considerada, en Europa, una cuestión de grado. El actual proyecto de Constitución europea, aunque es cierto que sigue dando prioridad a las instituciones formadas por representantes de los Estados y hace más difícil que antes la reforma constitucional, confirma en la práctica un modelo pluralista de estructuras políticas complejas y a la carta.
Si algún sentido y viabilidad puede hoy tener la aspiración a la "soberanía" es conseguir un puesto en la mesa de la Unión Europea. Compartir poder de decisión en las grandes organizaciones supranacionales es una condición necesaria para el éxito de las naciones pequeñas y el mayor éxito en sí mismo al que pueden aspirar.
Josep M. Colomer es profesor de investigación del CSIC en Barcelona.
Está muy bien eso de compartir poder en la UE ¿ Si vascongadas si por qué Murcia no? ¿ O por qué no la región Beira Norte de POrtugal o la Padania?.
Tiene sentido que Luxemburgo tenga voto en el Consejo Europeo y los seis millones de catalanes no?
Los catalanes ya tienen voz en el Consejo y en la comisión. La tienen a través de las autoridades españolas que defienden fervientemente sus intereses junto a los del resto de españoles. Y por cierto, con el nuevo tratado de COnstitución los españoles ( catalanes incluidos) perdemos bastante poder. POr eso hay qeu votar NO en el próximo referendum, para que se aplique el Tratado de NIZa en el que España no pierde peso específico en la Unión.
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